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| Una cuestión de necesidad |
El tren llega tarde uno de cada dos o tres días. Eso significa que tengo fiesta del roce cada poco.
Hoy Ana me ha llamado. Ya está en el cercanías, que, como no, va con retraso. El problema es que hoy me ha despertado: se me fué la pinza. Obviamente ya no llego al tren que cojo todos los días. Paso de ir a trabajar sin ducharme, qué menos. Llego como un campeón pensando que ya no será hora punta y que iremos como reyes en el tren.
Efectivamente, el próximo tren iba a llegar a la hora y tres minutos antes pasaba el que va a Chamartín y se lleva toda la gente que va a Aravaca y Pozuelo. De puta madre.
Llega el tren anterior. Sigo fumandome mi cigarro mañanaero. De repente todo el mundo empieza a salir. El tren va a parar, no va a tener servicio. De puta madre, ahora irónico. Es decir, la gente que iba toda en el otro tren, más los que iban a entrar, más los que sólo nos vale el siguiente vamos a ir en el mismo. Con un par.
La gente empieza a coger posiciones. Hago lo propio, ya sin cigarrillo. Empezamos a mirarnos con cara de "mira, yo voy a entrar, me la pela". Para el tren y salen tres personas. Parece medio vacío, pero da igual. Empezamos a entrar como locos. Está claro que no sólo yo llegaba tarde al trabajo.
Conseguimos entrar, a duras penas. Seguimos mirándonos con cara de "es que esto es lo que hay". Parece que no se ha quedado nadie fuera y que no ha sido tan crítico como ayer con el tipete agarrándome de la pierna. En la primera parada, Aravaca, se queda el tren vacío, hay sitio hasta para sentarse. |
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| Encuentra
las diferencias |
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