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| La vida en un cercanías |
| Pequeñas historias diarias... |
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| Un extraño en mi mundo |
Esta mañana estaba en el cercanías y comencé a escuchar sonidos que me resultaban familiares. Mientras esperábamos un chico ve pasar a una preciosidad. Al terminar de contemplarla se gira y grita como hablando solo. Desde luego, no habla español, pero casi sin querer entiendo lo que dice. Se acerca a un compañero. Miro el letrero y confirmo lo que había escuchado: faltaban 5 minutos para que llegaran al tren. Eran portugueses.
Al subir al tren encuentro una cara con facciones conocidas. Es una chica alta, parece algo mayor que yo, con el pelo totalmente negro, recogido en un moño, y unos ojos claros como el agua. A las 8 de la mañana, no podría estar más guapa. Cruza unas palabras con una chica rubia, que ha conseguido asiento. "Dobre...". Habla rápido, muy rápido. Me acuerdo de las temporadas que pasaron Karolina y Edyta en mi casa. Hablaban rápido, muy rápido. Había veces en que Karolina paraba unos segundos porque le faltaba el aire para poder seguir hablando. Esas palabras ininteligibles terminaron por tener un ritmo, una cadencia, un sentido.
Seguramente puede parecer extraño que el escuchar hablar en portugues o polaco (supongo) le pueda resultar a un español algo familiar. Supongo que es parte de la resaca post erasmus y en ese sentido me siento como si siguiera en Alemania. Hay tal mezcla que te sientes un extraño. Lo más importante de todo es que no me importa. Más bien todo lo contrario. |
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| Una cuestión de necesidad |
El tren llega tarde uno de cada dos o tres días. Eso significa que tengo fiesta del roce cada poco.
Hoy Ana me ha llamado. Ya está en el cercanías, que, como no, va con retraso. El problema es que hoy me ha despertado: se me fué la pinza. Obviamente ya no llego al tren que cojo todos los días. Paso de ir a trabajar sin ducharme, qué menos. Llego como un campeón pensando que ya no será hora punta y que iremos como reyes en el tren.
Efectivamente, el próximo tren iba a llegar a la hora y tres minutos antes pasaba el que va a Chamartín y se lleva toda la gente que va a Aravaca y Pozuelo. De puta madre.
Llega el tren anterior. Sigo fumandome mi cigarro mañanaero. De repente todo el mundo empieza a salir. El tren va a parar, no va a tener servicio. De puta madre, ahora irónico. Es decir, la gente que iba toda en el otro tren, más los que iban a entrar, más los que sólo nos vale el siguiente vamos a ir en el mismo. Con un par.
La gente empieza a coger posiciones. Hago lo propio, ya sin cigarrillo. Empezamos a mirarnos con cara de "mira, yo voy a entrar, me la pela". Para el tren y salen tres personas. Parece medio vacío, pero da igual. Empezamos a entrar como locos. Está claro que no sólo yo llegaba tarde al trabajo.
Conseguimos entrar, a duras penas. Seguimos mirándonos con cara de "es que esto es lo que hay". Parece que no se ha quedado nadie fuera y que no ha sido tan crítico como ayer con el tipete agarrándome de la pierna. En la primera parada, Aravaca, se queda el tren vacío, hay sitio hasta para sentarse. |
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| Suélteme la pierna |
Ayer el tren dirección a Villalba iba con retraso, unos 10 minutos. Ana (una compañera de trabajo) ya me había llamado diciendome que estaba en el tren y que iba fino.
Llega el tren y abren las puertas. Un chaval tiene que salir del tren para que la gente de más adentro sea capaz de salir. La gente se empieza a arremolinar alrededor de la puerta.
Ya han salido todos, empieza la guerra: meto el codo y la cartera para pasar delante de un capullo que se me estaba intentando colar. Ya apenas queda espacio, pero la gente va haciendo de tripas corazón y empieza a empujar a la gente de detro. Subo el escalón y se me queda medio cuerpo fuera. No voy a poder entrar.
De pronto un tipo que tengo detrás me empieza a empujar. Se quedaba fuera, obviamente. Veo que por su culpa voy atropellando gente. Voy pidiendo perdón y miro para atrás como diciendo "lo siento, no soy yo, me están empujando". Pero gracias al tipo consigo meter la otra mitad del cuerpo dentro del vagón. Las puertas cerrarán, apuradillas, pero ya estoy dentro, con un par.
Aun así el tipete no consigue entrar. Lleva un anorak rojo, con el calor que hace dentro del vagón, qué crack. De repente, sin venir a cuento, el tío se agarra a mi pierna porque no consigue subir al tren. Apoyándose en mi pierna, empieza a empujar aun más fuerte. No es a golpes, es una presión contínua. Me giro y le digo "pero qué hace??". El tío se descojona, ya ha conseguido entrar.
A todo esto, el tren lleva 5 minutos parados por la gracia. La gente obstaculiza las puertas y no pueden cerrar. La puerta se pone a pitar. El tío está en medio. Vienen los de seguridad y empujan un poco más. Parece el metro japonés. Por lo visto, nuestra puerta es la única que no cierra. No sé por qué será...
Al final las puertas cierran. El tipete y yo estamos dentro y la señora de delante me mira "mu malamente". Me vuelvo a girar hacia él. Sigue con una sonrisa de oreja a oreja. Ahora sólo me queda esforzarme por respirar. |
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| Pre-requisitos para entender la |
Supongo que tendré que explicar un poco mi recorrido diario para que os podais hacer una pequeña idea:
Vivo justo al lado de la estación de Príncipe Pío, vamos, tardo unos tres minutos en salir de casa y estar en el anden del tren. Suelo coger un tren que, oficialmente, llega a las 7:59. Son aproximadamente unos 20 minutos hasta Pinar de Las Rozas, donde se encuentra la empresa.
Por Príncipe Pío, en la misma dirección, pasan dos líneas distintas: una Príncipe Pío-Las Rozas-Chamartín y otra Príncipe Pío-Las Rozas-Pinar de Las Rozas-Villalba. Por lo tanto, de estas dos líneas, por una sola parada, me vale sólo una de ellas: la que llega a Villalba. Y pasa ni más ni menos que cada media hora.
Ambas líneas hacen paradas en Aravaca, Pozuelo, El Barrial, Majadahonda y no sé si se me olvida alguna más. Y estas son las paradas en donde más gente se baja. La cuestión está en cómo cuadran los cercanías. Me explico: justo antes del tren que me vale (dirección Villalba) pasa uno que va hacia Chamartín. Como la mayoría de gente va a Pozuelo y demás, lo cogen, y el mío que pasa 3 minutos después va casi vacío.
Lo gracioso, por supuesto, es cuando el tren que va a Villalba llega con retraso o pasa alguna cosa rara. Aquí empieza la fiesta... |
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| Encuentra
las diferencias |
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